Cena en Lavapiés

Es la tercera vez que paso por la Plaza de España. Que aparque por Puerta de Toledo, eso me dijo Ana, la novia de Tilo. Ana es madrileña y esta noche he quedado para cenar con ella y con Ayita en algún sitio de Lavapiés que no recuerdo. Hace una hora que estoy dando vueltas sin sentido por Madrid. No tengo mapa y creí que con leer los letreros y mi orientación llegaría, pero no. Ahora voy a meterme por la calle de la derecha. Madrid está lleno de "puertas" y yo no consigo llegar a la de Toledo. Nunca me olvidaré de ella, Puerta de Toledo.
Decido parar. En un panel de la acera hay información sobre las líneas de buses en un mapa. Aparco el coche en el carril taxi-bus detrás de otros tres que lo hicieron igual de mal. Llevo puestas las gafas. Me molestan, pero sin ellas, por la noche conduciendo en una ciudad que no es la mía, estoy perdido. El mapa de las líneas de autobuses no me aclara nada. Veo la Puerta de Toledo, parece que no está muy lejos de donde me encuentro ahora, pero sólo están marcados los nombres de las calles principales. Eso no me llega para pensar una ruta. Además, no sé qué vías son de sentido único y cuáles de doble. Cuando me dirijo de vuelta al coche, desesperado, una chica abre la puerta del que está aparcado justo delante del mío. Es rubia, luce bronceado de solárium, lleva un pantalón ajustado beige a juego con su chaquetilla. Por debajo viste una blusa blanca ajustada. Calza unas botas de cuero de color marrón oscuro. Va muy maquillada, el tono de su cara es aún más moreno que el de su cuerpo.
—Perdona, ¿sabes cómo puedo llegar desde aquí a la Puerta de Toledo?—Se sorprende en un primer momento, pero me mira con agrado. Parece que le gusta mi forma de vestir y mi cara. Me recorre con la vista de la cabeza a los pies. Me siento halagado, pero quiero que me conteste.
—Mira, si vas recto, luego hay una bifurcación y tienes que coger como si fuera una diagonal. Espera. A la derecha, sí. Y luego vas a dar a la parte de atrás de la Plaza Mayor, sí, creo que sí. Y, bueno, y, ... Perdona, es que sé ir en coche, pero no sé explicarte, ... Vete así como te dije y pregunta cuando estés por la Plaza Mayor. ¿Vale?—Sonríe mucho, es guapa, pero no me sabe contestar a lo que pregunto. Le agradezco nada y me voy.
Ya hace una hora que le pregunté a la rubia y sigo dando tumbos, pero, ahora, sigo unas indicaciones para llegar a la Puerta de Toledo. Estupendo. Debo continuar sin que se me escape un letrero. ¿Cómo? Ya está. Acabo de llegar casi sin darme cuenta. Por fin. Doy una vuelta a la rotonda de la plaza. A la segunda vuelta, tomo la primera salida que veo. Al poco de conducir veo libre un aparcamiento para residentes. Me da igual. Son las once de la noche de un viernes y quiero ir a cenar al centro de Madrid. Tengo la barriga hinchada, a punto de estallar. El cinturón de seguridad y el del pantalón han hecho de mi vientre una bomba llena de gases que me produce pinchazos de dolor. Aparco en la plaza delimitada con una línea verde. Si me multan, que me multen. Hoy no voy a conducir más.
Cojo el móvil. No me acuerdo del restaurante, bar, o lo que quiera que sea en el que vamos a cenar. Llamo a Ana. ¿Qué pasa? Apagado o sin cobertura. Perfecto. Llamo a Ayita. Igual. ¿Qué coño me pasa hoy? Esto es demasiado. Me duele la barriga, estoy colorado y con los nervios a flor de piel. Aún así, avanzo por las calles de Madrid. Creo que voy en buena dirección, aunque no tengo ni idea. Una pareja se cruza en mi camino.
—Perdonad, ¿sabéis cómo puedo llegar a Lavapiés?—Sonríen y el hombre se encoge de hombros.
—No somos de este barrio, pero pienso que estás muy lejos. Lo mejor es que cojas un taxi, chaval. Esto es Madrid, es muy grande. ¿De donde eres?
—Gallego.
—Ah, qué bonita Galicia. Bueno, eso te digo, vete en taxi.—Se despiden. Les doy las gracias. "Qué bonita Galicia", ¿qué sabe él?, seguro que hoy es la tercera vez que sale de su barrio en toda su vida. Mamón.
En el primer cruce, paro un taxi. Monto y, apenas sin tiempo para decirle el destino, el taxista frena mis pretensiones:
—Chaval, Lavapiés está a dos manzanas de aquí. Podía ser un tremendo hijoputa y llevarte, pero no lo voy a hacer, soy un tipo legal. Bájate y vete.—Seco y escueto. Tranquilizador. Tercera vez que le doy las gracias a alguien desde que llegué a la capital de España. Eso no es lo que me pide el cuerpo precisamente.
Tras dos minutos de caminata, llego a la Plaza de Lavapiés. Llamo a Ana y me contesta. Milagro. Ahora, las cosas sólo pueden mejorar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

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