Corriendo por el Paseo Marítimo

­­No puede ser que haga tanto viento. Apenas puedo avanzar cuando sopla de frente. Aún así, no soy el único que se propone correr por el Paseo Marítimo. Calculo que llevo dos kilómetros. Todavía quedan ocho para llegar a Puerta Real y luego, la vuelta hacia el coche, otros diez. No me encuentro fatigado, pero me está doliendo la espalda. Creo que me duele por una postura que cogí viendo la tele poco antes de salir a correr. Intento que mi voluntad sea más fuerte que esa molestia e intento marcar el ritmo ayudándome del merengue. Pienso en “La cosquillita” de Juan Luis Guerra.
El Paseo Marítimo nunca es monótono. Siempre hay gente: algún loco de la media distancia como yo, ancianos que realizan su habitual paseo vespertino o matinal, parejitas, turistas, surfeiros, dueños de perros y su motivo, gente, borrachos que vuelven de una noche movida, borrachos potenciales que van hacia una noche movida, ... Siempre hay alguien. Y el mar. El mar. Mi vida gira entorno al mar. Lo veo todos los días, ¿podría ser de otro modo? No concibo la vida sin su presencia. El mar.
Tras bordear la península de Adormideras, el viento sopla con más fuerza. Un esfuerzo extra que no había previsto. El aire frío envuelve mi cuerpo y me convierte en un candidato a hipotermia. Llevo puesta una camiseta azul, un pantalón de deportes azul marino y unas zapatillas amarillas Levi’s casi sin suela que compré por quince euros en el Baratillo Americano. Concentrado en mantener el ritmo, un inesperado charco me recuerda que debo renovar el calzado.
Puerta Real al fin. Respiro de forma acelerada, pero poco a poco me voy relajando. Doy media vuelta al llegar al final del Parrote y, caminando a un paso acelerado recorro el camino de vuelta. Doce kilómetros hasta O Portiño. Mar y viento me acompañan. Paro en las fuentes que hay cada veinte metros en el paseo que recorre La Solana. Tarareo “Sunglasses At Nite” de Inner Circle. En el trayecto de regreso pienso en el sábado pasado en Ferrol, cómo todo sigue igual que siempre. No me gusta la rutina y mi vida lleva camino de ser un paradigma de eso que odio. Habrá que hacer algo para cambiarlo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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